Tus objetivos, tus secretos.

cerebro

Comenzábamos el año diseñando los nuevos proyectos que íbamos a hacer. Muchos de estos proyectos eran incluso los mismos de años pasados: dejar de fumar, hacer más deporte, pasar más tiempo con la familia, aprender inglés,….

También a mitad de año te surgen nuevas metas que emprendes con entusiasmo e ilusión. Demuestras tanta ilusión que se lo cuentas a toda la gente de tu alrededor por ejemplo a amigos, vecinos y a la familia. Normal ¿no?

Dicen que es bueno contar el objetivo que deseas realizar a la gente que rodea porque al hacerlo público te comprometes con ese objetivo y te esfuerzas más en realizarlo ante la expectativa de comunicar que has fracasado al intentarlo.

Pues parece que hacemos mal al contar al público nuestros objetivos. Resulta que no hay que contarle a nadie nuestros objetivos. La explicación es que hicieron estudios que dieron como conclusión que las personas que contaban sus intenciones en público de hacer un proyecto, ya rebajaba su probabilidad de darlo por finalizado.

La explicación viene porque si haces pública la intención de conseguir alguna meta, tu cerebro te está escuchando (nuestros mayores enemigos podemos ser nosotros mismos) y entiende que ya tienes el proyecto en marcha con lo que no se esfuerza igual que si estuvieras convencido y motivado como para emprender un proyecto desde cero. Que pones menos esfuerzo en conseguirlo.

El cerebro entiende que ya estás consiguiendo tu meta (se crea una falsa ilusión) cuando ni siquiera has empezado y hacemos menos esfuerzo en conseguir la meta. Se ha comprobado que separando a la gente en dos grupos, entre los que han hecho público sus objetivos y los que los han mantenido en secreto, el grupo de personas que lo han hecho público creen que han conseguido más de lo que realmente han hecho creyéndose que están más cerca de lograr sus objetivos que el grupo que lo ha mantenido en secreto cuando en realidad los dos grupos se encontraban a la misma distancia de conseguirlos.

Los que lo hicieron público se crearon la falsa ilusión que habían progresado más que aquellos que lo habían mantenido en secreto.

Cada vez que le cuentas a alguien tus planes, te está restando motivación y te alejas de conseguir tu meta. Lo que reduce tu compromiso

Cuando estás narrando al público la meta que quieres conseguir, creas esta falsa ilusión y al sentir satisfacción al narrarlo, te ves con parte del camino ya recorrido.

“El cerebro confunde el decir con el hacer”

ObjetivosPasados

Contar lo que planeas disminuye tu motivación

Por tanto, el hacer públicas nuestras metas tiene precisamente el efecto contrario de lo que queremos conseguir.

Si realmente estás comprometido con lo que quieres lograr, probablemente sea mejor mantener tus objetivos en secreto.

Os dejo un enlace de la exposición que hizo Derek Sivers en una conferencia TED en Oxford explicando por qué no hay que hacer públicas tus metas.

Ahora, mi opinión personal es que nos dejamos influenciar demasiado por estudios psicológicos y estadísticas. Cuando uno está motivado, dispone de suficiente energía como para llegar a la meta aunque se le pongan muchos obstáculos en medio. Cuando te has comprometido con un objetivo y actúas de forma honesta (esto es, no auto engañándote) lo mantengas en privado o no es indiferente. Una vez fijada una meta, mas fácil o más difícil, la alcanzarás sin importar comentarios negativos del exterior, baches del camino o los “pepitos grillos” de tu conciencia. A donde te diriges es a donde vas.

 

[ Imagen: “lapolab” via photopin cc ]

Miedos: El Despreocuparse como hábito de vida.

Hablaba la semana pasada que hay dos hábitos de vida que considero fundamentales retomar que son la reflexión y la despreocupación.

La reflexión nos permite planificar mejor nuestra vida al analizar y cuestionarnos si vamos en el rumbo correcto en todo momento (¿quieres leer el artículo “Reflexión es hábito de vida”?)

Las preocupaciones nos vienen por:

a.- Una novedad que te inquieta porque te saca de tu zona de confort, esa zona conocida y familiar donde ya tenemos la vida hecha y que podemos permanecer en ella durante meses. Que en nuestra casa se salga la lavadora nos puede producir un “grave” problema a salvar

El doctor psiquiatra Hannibal Lecter nos enseñaba “Empezamos a codiciar lo que vemos cada día”. Cierto. También nos preocupa lo que nos hace salir de la normalidad aunque sea un pequeñez como que el niño se ponga malo con fiebre.

b.- El miedo. Hay personas que están empezando a sentir miedo por todo. Ayer escuché en el noticiario que ya está siendo un problema en la educación de los niños la sobreprotección de los padres al “detectar”  fuentes de peligro donde no las hay.(Vídeo de @antena3com: Sobreproteger a los hijos puede provocarles problemas psicológicos)

Estamos programados para sentir miedo en situaciones reales de peligro, el problema es que ahora sentimos miedo irracional ante situaciones que no nos va a ocasionar ningún peligro real y nuestra mente actúa en consecuencia para protegernos con estrés y ansiedad.(¿Quieres leer el artículo “¿Eres capaz de reconocer tu estrés?“)

Estas preocupaciones desaparecerán cuando nos acostumbramos a ellas.

Aparece en “Inteligencia Emocional”, de Daniel Goleman, la investigación que nuestra inteligencia se bloquea cuando sentimos miedo.

Con esto no quiero decir que haya miedos que nos provoquen preocupacionesmiedo innecesarias pero reflexiona de cuantas cosas nos preocupamos sin que sucedan, de cuantas cosas tenemos miedo y ya una vez pasadas hemos comprobado que no eran para tanto y que era inútil el tiempo dedicado a esta preocupación. Se trata de ese tipo de miedo del que la posibilidad de que se de escapa de nuestro control y en ocasiones, con poca probabilidad de que suceda: os parece un miedo “racional” preocuparse por que te muerda un tiburón o que se caiga tu tejado por el peso de la nieve. ¿No os parece poco probable que suceda?. Puedo entender el miedo a realizar una presentación ante tu cliente y jefe pero, ¿sentir miedo porque el portátil explote precisamente el día de la presentación?. Poco probable, ¿verdad?

Os estoy hablando de ese miedo del cual el que suceda (o no) escapa de nuestrasascensor acciones: que el avión se estrelle, que estando en un país extranjero empiece una huelga de pilotos y te quedes “tirado” en el aeropuerto, que un familiar tenga un grave problema de salud, etc. Si el problema no depende de nuestro control entonces ¿para qué preocuparse?. Adquirimos este hábito de “amargarnos la vida” pensando que sucederán cosas poco probables o que escapan a nuestro control.

Luego tenemos la preocupación aplazada (procrastinada). Se trata de aquella preocupación que tenemos vagando por días en nuestra mente pero que nunca tratamos de realizar ninguna acción como si el no tratar el problema, éste fuera a solucionarse solo. Se trata de la estrategia del avestruz de esconder la cabeza para no ver el problema y que este no nos asalte a nosotros. Porque en este caso sí tienes control sobre la situación y el no hacer algo para resolverlo sólo es no tachar de tu mente el problema con lo que inevitablemente continuarás preocupado.

Resumen,

  1. Si ya de por sí estamos preocupados con las cosas que nos suceden todos los días, aumentamos el número de preocupaciones con asuntos que escapan de nuestro control el interceder para resolverlos. Debemos deshacernos de preocupaciones (muchas veces supuestas preocupaciones).
  2. Reflexiona de cuantas cosas nos preocupamos sin que sucedan, de cuantas cosas tenemos miedo y ya una vez pasadas hemos comprobado que no eran para tanto y que era inútil el tiempo dedicada a esta preocupación.
  3. La mente tiene una capacidad que ante situaciones desconocidas siempre se pone en la peor de las situaciones.

La práctica de la reflexión y el hábito entrenable de no preocuparse innecesariamente nos hará conseguir una mente más ordenada al estar libre de usarla en procesos secundarios que mantienen nuestra mente ocupada. ¿No aspiramos a mantener la mente calmada como el agua? Reflexión y Despreocupación nos ayudará a conseguirlo.

[photo credit: Landahlauts Antífama via photopin cc]

Reflexión es hábito de vida.

     "Pausa"      El aplicar Productividad Personal a mi vida me ha dotado de dos hábitos que todos tenemos aunque muchos hayamos olvidado: la capacidad de reflexionar y de no preocuparse innecesariamente.

    En la mayoría de ocasiones consigo conocer qué tareas tengo inmediatamente pendientes por hacer porque las tengo registradas en mi sistema. Esto me permite disfrutar del momento, puedo estar en mi cafetería preferida con dos buenos amigos y gozándolo:

  • Se que por espacio de dos horas voy a estar completamente dedicado a ellos porque las tareas que tengo pendientes por hacer ya las tengo delimitadas cuando las voy a hacer. Ahora me abandono a disfrutar.
  • Por ese espacio de dos horas soy la persona más libre haciendo realmente una única tarea.
  • Estoy donde quiero estar y haciendo lo que quiero sin evadirse mi mente hacia el trabajo que tengo pendiente para mañana o si tengo tomates en la nevera.

Esto lo puedo hacer porque previamente he hecho reflexión al planificar mi día o semana.Reflexionar Sería tonto tener que preocuparme por si tengo que finalizar un informe o realizar una llamada pendiente si en ese momento (en ese preciso momento de dos horas) no puedo hacer nada. Estoy DESpreocupado: actitud que no siempre consigo al no tener la mente en calma por pensar en mil y una cosas que tendría que hacer.

     Es importante el uso de la reflexión cuando practicas productividad.

     Yo me la he dividido en dos parcelas: de pecho para afuera y de pecho para adentro  o lo que es lo mismo:

  • Reflexión externa: es aquella que no haces las cosas sin control; que no haces las tareas porque te han encomendado hacerlas sino que sabes cual es el objetivo de tenerla finalizado y tú mismo te programas el tiempo que vas a estar con ella.
  • Reflexión interior: Reflexión hacia dentro para cuestionar con tu mejor amigo (contigo mismo) si crees que lo estás haciendo bien y si no hay otra manera mejor de efectuarlo; de optimizar tus labores.

Reflexión externa

La gente cambia con el tiempo y yo, como gente que soy, no soy ninguna excepción.

Hay teorías que opinan que no es bueno echar la vista atrás porque sigues poniendo tu atención en vivir en el pasado y, como almacenar recuerdo en una estantería, te lastran en la vida; esto es, supone un peso que no te permite avanzar hacia adelante, hacia convertirte en la persona que quieres ser. Cuando conocí el término de Gestión del Tiempo me gustó porque me daba un tiempo “extra” para dedicarlo a lo que me producía placer. Cada uno disfruta no solo cuando puede sino también cuando quiere. Yo en ocasiones echo la vista atrás para comprobar cómo he evolucionado comparándome con quien yo era hace 10 años. Es una sensación agradable ver el camino recorrido y comprobar que no todo lo has hecho mal. Saber qué lecciones has aprendido en este tiempo.

Reflexión interior

Es aquel tiempo de reflexión que empleo en cuestionarme cómo lo estoy haciendo no sólo con las tareas encomendadas que me he encomendado, a las que me he comprometido, sino en

  • conocer si honestamente estoy empleando bien mi tiempo en hacer las cosas que yo quiero hacer y no en cumplir satisfacer a otros,
  • si no estoy descuidando a gente muy cercana a mí por no disponer de tiempo y por tanto no prestándoles atención,
  • si estoy cumpliendo con los planes que tengo trazados para mí (ver cual es el rumbo del barco donde me encuentro).

Psicológicamente es más fácil y cómodo no hacer ninguna reflexión para evitar el tener que reunirse con uno mismo y mirarse cara a cara tus virtudes y sin duda tus defectos aumentados. Yo se de personas (yo mismo también lo he hecho) que hacía en el día mil cosas distintas para tener la mente ocupada y no quedarse a solas con tiempo libre para evitar pensar y no tener que darme cuenta que no estaba llevando una vida que me gustara.

Es la táctica del avestruz de enterrar la cabeza en la arena y pretender que los problemas no existen, que si no los atacas los problemas desaparecerán solos.

La reflexión te permite tomar altura para cuestionar si el mapa de ruta trazado lo estás verdaderamente siguiendo y en caso que sea que no, desandar el camino para volver a elegir el camino correcto.

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La próxima semana hablaré de la despreocupación. Mientras tanto, reflexiona de cuantas cosas nos preocupamos sin que sucedan, de cuantas cosas tenemos miedo y ya una vez pasadas hemos comprobado que no eran para tanto y que era inutil el tiempo dedicada a esta preocupación.

Buena semana. Disfrutadla y aprovechadla. Sea buena o mala, nunca va a volverse a dar.

[photo credit: ZEMOS 98 via photopin cc]